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Economía por expertos

¿Banxico tiene que seguir a la Fed?

El 16 de septiembre, la Reserva Federal subió su tasa de referencia 25 puntos base, a un rango de entre 3.75 y 4 %. La decisión fue unánime, es la primera alza desde 2023 y las nuevas proyecciones del comité apuntan a otro incremento antes de que termine el año. El Banco de México lo decide el día 24. La respuesta corta a la pregunta de si debe subir es no.

Conviene empezar por lo que Banxico ha dicho. La Junta de Gobierno cerró su ciclo de recortes en mayo y desde entonces comunica que sería apropiado mantener la tasa en 6.5 %. Argumentar un alza exigiría explicar qué cambió radicalmente aquí en las últimas semanas, más allá de la decisión de la Fed. Un movimiento que ya estaba descontado, por lo que no es un cambio de escenario.

El caso a favor de subir existe y tiene dos componentes. El primero es el diferencial de tasas, que quedó cerca de 260 puntos base medido contra el punto medio del rango estadounidense, un nivel históricamente bajo, y muy por debajo del promedio de la última década. Ese premio es parte de la compensación que recibe quien mantiene activos en pesos. Si se comprime demasiado, puede provocar rebalanceos de portafolios y presión cambiaria.

El segundo componente es doméstico. La inflación general cerró agosto en 3.26 %, cerca de la meta, pero la subyacente sigue en 3.88 y los servicios en 4.33 %. Banxico ya recorrió dos veces el horizonte de convergencia a 3 %, ahora hasta el cierre de 2027, y las expectativas de mediano plazo siguen por encima del objetivo. Con esa lectura, un alza preventiva sería un seguro contra una depreciación que llegue a interrumpir el proceso desinflacionario.

El problema del argumento del diferencial es que se sostiene de un supuesto que aún no puede verificarse. Para que su reducción justifique un movimiento tendría que estar ocasionando presiones por algún canal. Hoy, la evidencia es débil en casi todos.

En el cambiario, el peso sigue fuerte en cuanto a nivel y se mantiene entre las monedas emergentes con mejor desempeño de los últimos 12 meses, aunque durante la semana perdió terreno y, tras la decisión, tocó los 17.27 pesos por dólar. Lo relevante es que el ajuste ha sido ordenado. Ese comportamiento, y no el nivel del diferencial por sí solo, es lo que indicaría una amenaza para la estabilidad de precios.

En el de flujos, el canal representa hoy una fracción de lo que fue. Los residentes en el extranjero tienen alrededor de 11 % de los valores gubernamentales en circulación, frente a cerca de 40 % hace una década. La base de tenedores se ha vuelto mucho más doméstica. Conviene mantener la cautela porque parte de la exposición externa migró a instrumentos sintéticos que no aparecen en esa estadística y pueden deshacerse más rápido que un bono en cartera. Sin embargo, el mecanismo clásico de salida de extranjeros que presiona al tipo de cambio y posteriormente a los precios tiene menos peso que en 2015.

En el canal de precios, la composición es importante. En Estados Unidos, las presiones recientes provienen principalmente de la energía, mientras que la inflación subyacente se encuentra en su nivel más bajo desde 2021. En México, la inflación general está contenida, pero la persistencia se concentra en los servicios. Estos responden principalmente a salarios, costos internos e indexación, y mucho menos al tipo de cambio. Subir la tasa para defender el precio sería importar la respuesta a un choque que aquí, de momento, no está ocurriendo.

El canal que merece mayor atención es el de las expectativas, que todavía se mantienen por encima de la meta. Un alza podría reforzar el compromiso de Banxico con la convergencia de la inflación, pero 25 puntos base difícilmente cambiarían por sí solos lo que espera el mercado. Más importante será que sus decisiones sean congruentes con sus pronósticos y que explique con claridad cualquier desviación. Subir inmediatamente después de la Fed, sin un deterioro interno que lo justifique, podría incluso enviar la señal equivocada de que Banxico busca defender el diferencial de tasas.

 Lo más probable es que Banxico mantenga la tasa en 6.5 % al 24 de septiembre, reconozca que el entorno financiero externo se volvió más restrictivo y endurezca el tono. No porque ignore a la Fed, sino porque debe responder a la inflación que se forma en México. El nivel del diferencial no es por sí mismo el gatillo. Una depreciación desordenada, acompañada de un deterioro de las expectativas y mayores presiones sobre los precios, sí podría serlo.

Por Pau Messeguer Gally, economista en jefe en banco multiva.

PM

Pau Messeguer Gally

Economista en jefe en banco multiva.

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